Floors Bronx

El fracaso de lo moderno. Intervenciones de Gordon Matta-Clark

La interrelación entre arquitectura, medio urbano, políticas económicas y sociedad en la contemporaneidad es uno de los asuntos que más me ha interesado; cómo, desde mediados del siglo pasado, el sentimiento de agotamiento del gran proyecto de la arquitectura moderna —vinculado al palmario desgaste del capitalismo más industrial, debilitado y deslocalizado por el financiero— ha sido subrayado por muchos de los teóricos y artistas que más admiro. La mayoría, como es lógico, se ha empeñado en evidenciar el fracaso de lo moderno, de las teorías positivistas y funcionalistas, de ese racionalismo que enmascara un constructo de dominación y alienación. Entre otros, Henri Lefebvre teorizó sobre el proceso de doble industrialización y urbanización y su falta de sentido cuando la ciudad crece económicamente sin tener el consiguiente o paralelo desarrollo social, desnaturalizándola e incluso provocando la ruina de la vida cotidiana; esto es, el tejido social es racionalizado por la expansión del capitalismo transfigurándose según los intereses comerciales y especulativos, no siguiendo las necesidades de sus habitantes y, por ende, se vuelve abstracto y se niega la sociabilidad.

[La industria] ataca la ciudad, la asalta, la toma, la saquea […] Se apropia de su red y la remodela según sus necesidades. H. Lefebvre, El derecho a la ciudad, 1968

Nada nuevo ni nada que no sepamos. Pero me gustaría recordar el papel que juega el arte en esta problemática, las estrategias que se han desarrollado para señalar y criticar este atroz desplazamiento del orden simbólico; un lugar común de aquellas ha sido la necesidad de restaurar vínculos entre los ciudadanos y el que se supone que es su medio cotidiano, propuestas que han venido a agruparse bajo la denominada «estética de la participación». En esta línea, un caso extraordinario para mí lo representa el trabajo de Gordon Matta-Clark (1943-1978).

De su biografía, tan sólo quiero destacar que tanto él como su hermano gemelo, conocido como «Batan», crecieron y se formaron en un ambiente intelectual de vanguardia, con grandes dosis de idealismo marxista por parte de su madre, la pintora Anne Clark, quien emigró junto al también pintor Roberto Matta —curiosamente colaborador de Le Corbusier— a Nueva York antes del estallido de la II Guerra Mundial. Gordon, formado como arquitecto aunque nunca llegó a ejercer como tal, se inició en la práctica artística a finales de los años sesenta con una serie de intervenciones en las que interactuaba con la naturaleza —como en la exposición Earth Art del 69, colaborando con artistas como Oppenheim y Smithson y entrando en contacto con el ambiente del SoHo—, con la arquitectura o con su propio cuerpo, teniendo desde muy temprana edad, como apuntó Kosuth, una fuerte y bien definida ideología artístico-política. Es uno de los grandes artistas conceptuales, que ha dirigido su trabajo al análisis sistemático de la cultura y su necesidad de reforma con una clara tendencia social utópica. Como artista conceptual se deduce la importancia que tiene para él el proceso, por lo que él mismo lo ha documentado a través de montajes fotográficos y películas. Por ejemplo, lo hizo con sus famosos Cuttings, con los que reflexionó en torno a distintas concepciones espaciales, alternativas a las hegemónicas, experimentando con otras formas de habitar y sentir la vivienda, buscando sentimientos contrarios a los propios del característico hogar unifamiliar, como el peligro y la desorientación.

 

Splitting

G. Matta-Clark, Splitting, New Yersey, 1974

 

El medio urbano: lugar de conflicto, lugar de esperanza

En la mayoría de sus obras existe la preocupación por revelar lo que ha quedado relegado, lo que ha pasado a ser improductivo para el sistema y ha caído en el abandono, la miseria que a veces se intenta ocultar mientras que en otras ocasiones está vergonzosamente visible, llegando a arruinar vidas, barrios, comunidades enteras arrinconadas que pretenden ser borradas de la memoria colectiva. Ante ello Matta-Clark reacciona con gestos radicales, siempre con el compromiso de dar visibilidad a estos problemas y dar a entender, a todos aquellos interesados, sus intenciones.

Mi trabajo habla de ese vacío central, de la separación que, entre otras cosas, podría existir entre el yo y el sistema capitalista estadounidense. A lo que me refiero es a una esquizofrenia masiva muy real y cuidadosamente sostenida […] El estado de esa arquitectura refleja la iconografía del ‘eje empresarial occidental’. Contra lo que reacciono es contra la deformación de los valores (éticos) bajo el disfraz de la modernidad, renovación, planificación urbana o como quieran llamarlo. Matta-Clark, 1977.

Fue en el sur de Nueva York de los setenta donde realizó algunas de sus más interesantes intervenciones. El ambiente de esta zona del bajo Manhattan nada tenía que ver con el de la actualidad; de hecho, era uno de los máximos exponentes de la crisis industrial e inmobiliaria. Era esa especie de «tierra de nadie» donde empezaron a instalarse artistas, ocupando ilegalmente los enormes lofts y rehabilitando la zona con centros de exposiciones o de reuniones, talleres o actividades con fines colectivos y comunitarios, como la creación de jardines móviles a través de la plantación en las abandonadas barcazas que encontraron en el río. En el famoso restaurante Food se reunió el grupo «Anarquitectura» del que formaba parte Matta-Clark: críticos feroces en contra de la arquitectura moderna —con lemas subversivos y burlones como «forms follows function»— que aspiraban a desarrollar una concepción de la arquitectura capaz de reaccionar de forma flexible ante la situación sociocultural, es decir, una concepción que atienda a las realidades sociales y no a los vaivenes estéticos o comerciales. Una de las propuestas consistió en crear muros de desperdicios, más sólidos y protectores que los cartones, para los «sin techo». Uno de los proyectos más llamativos se refería a desvelar la incoherencia que caracteriza al sistema de propiedad privada demostrando lo mucho de absurdo que hay en la supuesta política liberal: algunas de las propiedades, por las reparticiones realizadas, son sobrantes que no sirven para nada o directamente inaccesibles, convirtiéndose en palabras de Matta-Clark en «recuerdos desmoralizadores del explótalo o déjalo».

 

Blow-out

Montaje de G. Matta-Clark, Blow-out, 1976

 

Sus trabajos pasaron a centrarse así en las zonas marginales y deprimidas, convertidas en feos suburbios y auténticos guetos. Esto era especialmente revelador en las zonas de Brooklyn y El Bronx, donde saca a relucir las desastrosas propuestas urbanísticas interviniendo en los suelos de los pisos «modernos» que pronto esperaban su demolición. Cabe destacar su acción en la exposición Idea as Model, organizada por el Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos, dirigido por colegas que tuvo Matta-Clark cuando estudiaba en Cornell (Ithaca). Todos eran firmes defensores de la arquitectura moderna y formalista, y algunos de ellos se encargaron de dirigir las obras de la Cooperación para el desarrollo urbano, uno de los grandes proyectos estatales para la construcción totalizadora de viviendas en estas zonas. Desde 1970, esta iniciativa empezó a entrar en crisis hasta que se presentó la bancarrota siete años después, por lo que el deterioro urbano definitivamente no tuvo solución. Pese a esto, los arquitectos implicados continuaban mostrando en sus discursos oficales el éxito de esos diseños funcionales, sin preocuparse de la grave situación social o el residuo arquitectónico que dejaron, ni tampoco reconociendo el determinismo de la industria y la especulación. Matta-Clark los identificaba como los culpables, por lo que respondió con una polémica acción: de madrugada, colocó en los ventanales del edificio que albergó aquella exposición que los reunió fotografías de las viviendas reales, destrozadas y con sus ventanas rotas, para después él disparar contra esas mismas.

Éstos son los tipos [Eisenman, Meier] con quienes estudié en Cornell. Eran mis maestros. Odio todo lo que representan […]. La auténtica naturaleza de mi trabajo con edificios está en desacuerdo con la actividad funcionalista, en la medida en que esa responsabilidad profesional cínica ha omitido cuestionar o reexaminar la calidad de vida que se ofrece. Matta-Clark, entrevista en mayo de 1976.

Hay que tener en cuenta que justamente cuando la industria anunciaba su crisis, cuando se aplicaban políticas de demolición a naves industriales y se arruinaba así a los trabajadores y colectivos colindantes, se estaba levantando todo el World Trade Center en Wall Street, el eje financiero por excelencia, el nuevo futuro del Capitalismo. Matta-Clark, por medio de lo que se ha denominado la «operación forense de la arquitectura moderna», recupera y resignifica construcciones abandonadas, pero también las recicla otorgándoles otro «uso»: ser espacios de la comunidad, de praxis social, por encima de la propiedad alienante. De hecho, esta idea de lograr crear espacios de uso público y lúdico en construcciones abandonadas sería el proyecto que, tras su vuelta de Milán, le hubiera gustado realizar en Norteamérica —Day’s End—, pero que su temprana muerte impidió.

 

Day's End

G. Matta-Clark, Day’s End, muelle 52, New York, 1975

 

Por último, destacar una de sus más conocidas y paradigmáticas obras, Conical Intersect, intervención realizada en el mercado decimonónico parisino, el gran alarde de la arquitectura y la industria del hierro. Este distrito vivió una enorme transformación urbana con el fin de modernizar la zona y, entre otros proyectos, para levantar el que será el nuevo paradigma de museo contemporáneo, el Centro Pompidou. Se le permitió a Matta-Clark intervenir en dos edificios del siglo XVII que serían demolidos en este proceso y, durante dos semanas, estuvo con sus colegas destruyendo el edifico «a mano», con martillos y cinceles. La polémica fue enorme, pues las autoridades se sintieron ofendidas por considerarlo un insulto hacia su plan de modernización, en el que sin embargo parecían olvidarse de la rehabilitación para la creación de viviendas sociales. A la vez que recuperaba los estratos pasados, revolucionaba su presente. Fue, sin duda, muy consciente del tiempo que vivía, de las maniobras ideológicas que le rodeaban y de las posibilidades negadas de cambio.

 

El recinto se convierte en el reino de la anarquía. Debería ser perfectamente legal que un artista o cualquier otro tipo de persona sensible a este hecho [el abandono de edificios] entrara en esos espacios para luchar contra la pobreza, tomar una estructura como ésta, paralizada en un ambiente decadente y delincuencial, y transformarla en un lugar interesante, fascinante, valioso. Matta-Clark, Carta en defensa de Day’s End, 1975.

Conical Intersect

G. Matta-Clark, Conical Intersect, París, 1975

 

Sara Zambrana

Licenciada en Historia del arte y Máster de Museos y Patrimonio Cultural. Redactora colaboradora en Culturamas, Revista de Letras y Ctxt. Especializada en arte contemporáneo y gestión cultural. Fanática de los libros bien escritos y amante de los vinos gallegos.
Sara Zambrana

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