Fotografía de un lugar del Sur de los Estados Unidos

El imaginario del Sur

Existen multitud de opciones y variantes a la hora de categorizar o etiquetar el arte. Cuando uno se mete en los géneros y subgéneros, puede llegar a perderse dadas las numerosas opciones. Con el tiempo, algunos de ellos son los que han llegado a un máximo, se han elevado sobre el resto conformando géneros sólidos a los que atenerse en lugar de quedar en meras categorizaciones menores. Una de las cosas que tienen en común estos grandes cajones en los que depositamos las obras es que poseen unos rasgos generalizados que podemos encontrar en muchas de las mismas, y es por ello que acaban englobadas en su género, sea cual sea. Pero si de entre todos estos observamos con detalle para determinar cuál posee un mundo más rico, más lleno de matices y más complejo, ya no es tan sencillo encontrar muchos.

Visto también en el cine, aunque en este artículo nos centraremos más en la literatura, la novela sureña, o la cosmovisión y el imaginario del sur que se creó y que arraigó profundamente viéndose muy presente en multitud de obras, es quizá una de las más complejas de las que podemos encontrar. Por supuesto, en cuanto a localización nos referimos a Estados Unidos, y es curioso percatarse de cómo ha crecido tanto un género que en principio surgió de otro más global: la novela estadounidense propiamente dicha. De esta vinieron la novela del sur y la novela neoyorquina o urbana, marcando la diferencia. Centrémonos en la primera. Por todo lo expuesto, la respuesta a la siguiente pregunta es evidente: ¿el sur tiene una literatura específica o simplemente ha producido escritores? Efectivamente la tiene; existe una literatura.

 

Fotografía de unos soldados den la Guerra de Secesión

Fotografía de unos soldados en la Guerra de Secesión

 

La gracia de este género está en el imaginario propio que se creó a raíz de diferentes sucesos que marcaron la historia del país, como la Guerra de Secesión (1861–1865) o la esclavitud, entre los más importantes. El sur poseía un sistema económico con semejanzas al feudalismo de la Edad Media en Europa. Eran estados principalmente agrarios en los que la figura masculina de las grandes casas, el amo, poseía enormes plantaciones y esclavos que las trabajaban, al igual que anteriormente el señor feudal tenía sus tierras y vasallos. Era una mano de obra que no les suponía coste alguno, y esta es una de las dudas surgidas a raíz de cuál fue verdaderamente el motivo que impulsó la guerra, si la proclamación de la libertad que el Norte quería imponer al Sur o la rivalidad económica que pretendía acabar con el arcaico sistema que más beneficios les proporcionaba.

Es por la guerra que pueden distinguirse dos clases de novelistas sureños: aquellos más tradicionalistas, que pretendían rescatar algunos de los valores que marcaban el arte antes del conflicto bélico, y aquellos que querían expandirlo, darle una vuelta de tuerca e incluir otro tipo de mensaje, no tan conservador y clásico sino más innovador, y dejar a un lado temas que fueron centrales, como la religión y la existencia de una única verdad, para tratar de relativizar todo, incluyendo el gusto por lo anormal, la revelación de aspectos oscuros de las profundidades del alma humana, la ambivalencia de las actitudes morales en los personajes, las desviaciones sexuales o la aparición de personajes erráticos.

 

William Faulkner, autor de "El ruido y la furia"

William Faulkner, autor de “El ruido y la furia”

 

Algunos de los autores que se elevaron como los máximos exponentes de entre los escritores sureños fueron William Faulkner (El ruido y la furia), Margaret Mitchell (Lo que el viento se llevó), Harper Lee (Matar a un ruiseñor), Eudora Welty (Boda en el delta), William Styron (La decisión de Sofie), Carson McCullers (El corazón es un cazador solitario) y Truman Capote (A sangre fría) –este último anduvo a caballo entre la novela sureña y la neoyorquina, siendo un buen ejemplo de ambos–. Volveremos más adelante con algunos de ellos e introduciremos algunos que marcaron el género y ayudaron a revitalizarlo.

En todos los novelistas del sur encontramos un contexto social muy acotado y un espacio delimitado –los estados del sur–, un empobrecimiento de las grandes familias sureñas, algunas de ellas por negarse a seguir la evolución histórica, negando la industrialización. Un ejemplo clave, y quizá el mejor de esta decadencia, sería El ruido y la furia, ya citada.

Los trabajos de algunos de ellos entran en una subcategorización, la de la novela gótica sureña, surgida de la gótica. En este estilo son comunes los elementos sobrenaturales para crear el argumento, pero en la gótica sureña no se emplean para crear suspense, sino para describir cuestiones sociales y explorar la cultura del sur de los Estados Unidos. Volviendo a lo expuesto anteriormente, ocurrió algo similar al surgimiento del arte gótico con la decadencia del feudalismo. Aquí se abolen la esclavitud, los valores económicos y sociales del Sur cambian radicalmente tras la guerra, y surgen autores que, con los cambios, propician su propio cambio al género de novela sureña.

 

Cormac McCarthy, autor de "No es país para viejos"

Cormac McCarthy, autor de “No es país para viejos”

 

Algunos de los escritores que más lo han cultivado, además de los mencionados Faulkner y Capote, son Flannery O’Connor, Tennessee Williams y Cormac McCarthy, y algunas de las obras más notables El ruido y la furia (1929) y ¡Absalón, Absalón! (1936) de Faulkner, Matar un ruiseñor (1960) de Harper Lee y No es país para viejos (2005) de Cormac McCarthy, este último uno de los más recientes y modernos, escritor en activo y claro sucesor de Faulkner. La brillante, deliciosa y a la par compleja prosa de McCarthy fue la que le elevó a su estatus, y posee en su palmarés obras que nos muestran con todo lujo de detalles ese imaginario sureño, poblado por unos personajes descritos como antihéroes desarraigados que, envueltos en la evolución social y tecnológica que experimentan sus tierras, se nos muestran como seres que se sienten fuera de lugar, atemporales, que no comprenden el mundo que se moderniza día a día ante sus ojos de extraños; personas ancladas al pasado cuyas mentes se niegan a comprender los cambios a los que se ven obligados a ceñirse. Algunas de sus obras más célebres son las que comprende la llamada Trilogía de la Frontera (Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades de la llanura).

En el cine y la televisión las obras suelen englobarse en los géneros y subgéneros de drama sureño y vida rural, siendo un claro y reciente ejemplo la magistral serie True Detective –la primera temporada–. Otro ejemplo que muestra esta forma de vida y algunos de los típicos lugares que pueblan estos estados, como los campos, pantanos, bares de carretera, etc., sería la serie True Blood, también de la cadena HBO.

 

Fotograma de la primera temporada de True Detective, de HBO

Fotograma de la primera temporada de True Detective, de HBO

 

En muchas páginas y artículos se resalta a William Faulkner como uno de los escritores más potentes de este género y como máximo impulsor del gótico sureño. Nacido en Misisipi en 1897, su carrera literaria le valió el Premio Nobel de Literatura en el año 1949, y una de las obras que más se tuvieron en cuenta a la hora de otorgarle dicha conmemoración fue El ruido y la furia, por su historia, su trasfondo, su bagaje y, sobre todo, por el estilo y las técnicas literarias que empleó en su elaboración. En la novela narra la decadencia de la familia Compson a través de múltiples personajes. Transcurre principalmente en una gran casa del Sur, y también en sus terrenos y las localidades cercanas. El peso narrativo recae sobre algunos de los miembros más importantes de la familia y también sobre la de los criados que sirven en el hogar.

 

Fotograma de la adaptación de "El ruida y la furia", dirigida por James Franco

Fotograma de la adaptación de “El ruido y la furia”, dirigida por James Franco

 

Es común que se intercalen las descripciones con los diálogos –de varios personajes simultáneamente–, así como el flujo de conciencia o monólogo interior del personaje principal que narra esa parte específica del libro. Faulkner empleó magistralmente esta técnica, proveniente de James Joyce, autor de la reconocida Ulises (1922). La lectura se torna así un tanto caótica, hasta el punto en que muchos lectores la consideran imposible o muy difícil de seguir, pero le aporta unos matices únicos que nos permiten acercarnos de manera directa y visceral al caos que reina en las perturbadas mentes de sus protagonistas. La técnica de incluir los diálogos sin previo aviso, entremezclados con las narraciones y sin especificar muchas veces de qué personajes provienen, ha sido heredada por autores más contemporáneos, como el también citado Cormac McCarthy.

El Sur ha producido su propia literatura, cosechada por escritores de una calidad intachable; un rico imaginario que hará las delicias del lector y en el que todos deberían sumergirse para impregnarse de su historia, sus paisajes, su trasfondo y sus personajes.

 

Salva Alberola

Salva Alberola

Graduado en Comunicación Audiovisual, mis pasiones en la vida son el cine, la literatura y la escritura. Amante también de la fotografía y el arte en general. Con mis escritos trato de canalizar todo aquello que me inquieta, que me remueve por dentro.
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