Op art Marcel Duchamp 1926 ytimg.com  ©

Ilusionismo versus efecto

Una de las cuestiones que probablemente siempre han acompañado al arte, y que sin duda ha repercutido en la humanidad, es la ilusión, precedida o seguida a través de un efecto. A lo largo de la historia del arte, así como en teoría y crítica de arte, se han tratado diversas cuestiones, hallazgos importantes en obras de arte que algunos artistas crearon con premeditación para dejar algún mensaje, cuya intención podría guardar simbolismo de las circunstancias, o bien, pasar desapercibida en todo el conjunto compositivo para permitirse cierta libertad creativa o experimentación. Sin duda, el efecto es uno de los ingredientes fundamentales y contemporáneamente es un concepto que nutre y hace posible el deleite, y, por consiguiente, el entusiasmo por una manifestación artística. Pero, ¿cómo podemos diferenciar los términos ilusionismo y efecto dentro del arte? ¿Cuál ha sido su trayectoria hasta nuestra época?

En términos generales, ambos conceptos siempre han estado coligados. El ilusionismo, a diferencia del efecto dentro del campo artístico, ofrece una serie de fundamentos que podrían explicarse desde la ciencia, por la simple razón de que la ilusión juega un papel importante dentro de la neurociencia y, por consiguiente, en la psicología. Por el contrario, el efecto no comparte cierta relación rigurosa con fundamentos científicos, aunque sí con el entusiasmo y posible reacción emocional en el espectador. Para definir concretamente a qué nos referimos con ilusionismo dentro de sus posibilidades, debemos atender a la clave de que dichas ilusiones son un fenómeno mental, confluyen dentro de nuestro cerebro. Éstas se descodifican mediante el conocimiento, la experiencia y la expectativa que nos llega a través de nuestros sentidos cuando establecemos contacto con el exterior, la realidad, obteniendo una sensación y percepción propias. Y al ser ésta particular en cada uno de los individuos, puede haber alguna que otra alteración en su interpretación, y ahí es donde entraría acompañando el efectismo, la sorpresa, la incongruencia con la física natural. La ilusión comparte diagnostico con el efecto en el sentido en que es algo inesperado y que puede resultar ilógico. El efecto en el arte puede clasificarse por medio de la percepción de una imagen o de un concepto. El artista quiere crear y causar esa viveza con su obra, con independencia de los entramados científicos. No se tiene tan en cuenta ni utiliza un método tan disciplinado mediante el cual se exploran los límites mentales y percepciones, eso lo haría un artista que quisiera ser también un ilusionista; por tanto hay efecto, pero inconscientemente nuestro cerebro sigue germinando ilusiones y se genera ilusionismo sin buscarlo metódicamente.

Tras siglos de anagogías, recurrentes isocefalias en murales y tratados de alquimía, estoy seguro de que muchos recordarán el famoso autorretrato de Michelangelo Buenarroti en la piel despellejada de San Bartolomé del fresco El Juicio Final de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Durante el Renacimiento se podrían encontrar numerosas paradojas en la perspectiva, y una de las más destacadas era la anamorfosis encontrada en la obra Los embajadores o Jean de Dinteville y Georges de Selve de Hans Holbein el Joven de 1533. Justo después, ya en el Barroco de Gian Lorenzo Bernini, si nos dirigimos hacia la Scala Regia, nos encontraremos con unos trampantojos, aquellas imágenes que proporcionaban la ilusión matérica y que nos confundiría por su efecto buscado que pretendía imitar un mármol en su marco arquitectónico. En este contexto nos cercioramos de que lo que se está percibiendo y manteniendo como objetivo deja de serlo.

 

Anamorfosis en Los embajadores de Hans Holbein el Joven - óleo sobre tabla 1533 wikipedia.org©

Anamorfosis de cráneo en Los embajadores de Hans Holbein el Joven – Óleo sobre tabla, 1533 wikipedia.org©

 

Más tarde, un novelista francés llamado Henry Beyle (Stendhal) experimentó un colapso por entusiasmarse y percibir tanta belleza admirando obras de arte, y debido a ello y a que otras personas se sumaban a dicho diagnóstico se reconoció el síndrome de Stendhal. También destacamos el fenómeno de la aquiropoesis, la imagen creada sin manos, sólo con la mirada de artista, de la que se pueden obtener numerosos recursos a favor de la visión y la creatividad. En contrapunto a la mirada del artista y dentro del psicoanálisis se publicaba en 1921 el test de Rorschach. En el transcurso de los tiempos, la imagen del artista ha sido descrita dentro de unos parámetros concretos, siendo un estilo y una actitud. Dicho estilo de vida modestamente clasificado lo podemos encontrar de primera mano en la ópera de Giacomo Puccini La bohème. ¿Por qué es necesario mencionar este aspecto que actualmente difiere y que ahora se ve relacionado más con un aspecto aislado o moda?

Siglos antes se basculaban los conceptos de genialidad y locura, y ambos trazaban una línea que se salía del orden establecido hasta regular y matizar aquella dualidad como excentricidad. Recuerdo una taxonomía literaria que me llamó la atención, en particular por la época y en parte porque la había establecido Paul Verlaine, que se popularizó hasta acabar por ser una categoría que designaba a escritores de la índole, Los poetas malditos, literatos que escribían inspirados, pero también bajo los efectos de sustancias psicotrópicas como el hada verde (absenta) y el opio, entre otras. Relacionando la famosa alquimia verbal de Arthur Rimbaud. Los artistas que acudían a cabarets en ocasiones tomaban absenta y realizaban aquel ritual del canard. Aquello influenciaría tanto en su actitud frente a la obra como en la imagen que proyectaban a la sociedad del momento, llegando a tal estereotipo sobre los artistas. Por otro lado, el cine se iniciaba siendo exclusivamente ilusionista, destacando la obra de Georges Méliès, Le voyage dans la lune de 1902 y Segundo de Chomón con El hotel eléctrico de 1905, entre otras figuras y prestidigitadores del mundo del espectáculo, así como técnicas e instrumentos del propio ámbito anteriores al celuloide, como por ejemplo la linterna mágica, la cámara oscura y el zoótropo.

Después de que los impresionistas manifestasen su efecto, así como sucedía en posteriores movimientos, cabía destacar, por fin, el Op art y el arte cinético. Éstos últimos se encargarían de generar en el espectador tanto una ilusión como un efecto óptico con distintas tecnologías geométricas, líneas rectas y movimientos a partir de una pintura o una escultura, como en la obra de algunos artistas como Victor Vasarely, Matilde Pérez, Lyman Whitaker y Eusebio Sempere, hasta llegar al abstracto en el móvil colgante con artistas como Alexander Calder. Las primeras manifestaciones se dan a partir de 1910 durante el futurismo y en algunas obras de Marcel Duchamp. Sin olvidar el mundo de fantasía onírica y delirante de Salvador Dalí en su etapa de ilusiones ópticas, citando la obra El mercado de los esclavos de 1940 y Retrato de Gala desnuda de espaldas mirando al mar Mediterráneo (1974-1976), al igual que también es importante mencionar a M.C. Escher y sus juegos visuales. Algunas de las ilusiones ópticas pueden basarse en las Leyes de la Gestalt. Estos ritmos ópticos se volverán todavía más interesantes entre 1965 y 1975 con la llegada del arte psicodélico o lisérgico, cuya inspiración era inducida a través de los efectos producidos por drogas alucinógenas como el LSD. Se conocen artistas como Marta Minujín y Yoshitaka Amano. Eran obras proyectadas con colores brillantes y fosfenos. A muchos jóvenes les entusiasmaba dicha visión y se solidarizaban, y en lugar de observar lo explícito con catalejos lo hacían a través de caleidoscopios.

 

Ilustración de Estudios de animación Deva Loka 2010 - Yoshitaka Amano - artmap.com ©

Ilustración de Estudios de animación, Deva Loka, 2010 – Yoshitaka Amano – artmap.com ©

 

Actualmente, y retomando el apunte científico que nos ofrecía el ilusionismo, también es necesario destacar la labor de Akiyoshi Kitaoka por sus estudios acerca de las ilusiones ópticas dentro del campo de la psicología, ya que ofrece una serie literaria llamada Trick Eyes con ilusiones ópticas ideadas por él mismo. En su crítica se mantiene que dichos patrones y colores, así como la disposición, son fruto de un riguroso estudio para producir un engaño en nuestro cerebro, mostrar algo distinto y dotar de un movimiento a formas estáticas. Su obra más conocida, Rotating snakes, es todo un ejemplo del tipo de ilusión que se genera al intentar captar todo el campo visual mediante el rabillo del ojo.

La fijación sostenida de la mirada paraliza los centros nerviosos de los ojos y sus dependencias, que alterando el equilibrio del sistema nervioso produce el fenómeno. Hipnosis descrita por James Braid (1795-1860).

Por último, destacar la fantástica serie televisiva Brain Games en la que podemos encontrar mucha más información acerca del ilusionismo y las alteraciones en nuestras percepciones producidas por las ilusiones ópticas, muchas de ellas empleadas tanto por prestidigitadores como por artistas contemporáneos que fusionan y reinventan para mantener abiertas las sensaciones y entusiasmo. Espero que este artículo tenga ese efecto que logre generar una ilusión de fácil retorno a The Lighting Mind. Muchas gracias.

 

Rotating snakes - Akiyoshi Kitaoka 2003 ritsumei.ac.jp ©

Rotating Snakes – Akiyoshi Kitaoka, 2003. ritsumei.ac.jp ©

 

Arthur Adrover

Arthur Adrover

Artista paroxista y emprendedor a favor de la libre extrapolarización del conocimiento para su aplicación en los distintos ámbitos de uso. Pensador, investigador y alquimista.
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