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Magical Girl: arte en lo cotidiano

Si me hubieran preguntado el año pasado qué es Magical Girl, hubiera contestado que un misterio. Y es que la cinta, con tan sólo 37 copias estrenándose en el país, pasó velozmente y con sigilo por las salas más afortunadas, pese a haber ganado la Concha de Oro a mejor película y la de Plata a mejor director en la pasada edición del Festival de San Sebastián.

Pero empecemos por el principio; por muy raro que parezca a priori mezclar una niña con cáncer, referencias al anime, una copla como canción principal, sadomasoquismo, un padre en paro y un increíble José Sacristán en el papel de un profesor retirado que no quiere salir de la cárcel, la narrativa de Magical Girl es más simple de lo que parece a primera vista, pero más compleja a nivel de engranajes que la forman.

Su director, Carlos Vermut, conocido por su ópera prima, Diamond Flash, construye un puzzle en el que las piezas son situaciones cotidianas con una clara dualidad. Los personajes se mueven entre el bien y el mal, no hay término medio en sus protagonistas y, en cierto modo, este es el punto de partida desde donde se construye el suspense de la película.

 

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Bárbara Lennie en un fotograma de la película

 

Si rascamos un poco la superficie, Magical Girl narra la historia Alicia (Lucía Pollán) y Luís (Luís Bermejo). Según afirma su director, llamados así por Lewis Carroll y su mundo literario. Alicia es una niña de doce años que padece de cáncer y que desea un vestido de su personaje preferido de anime, Magical Girl Kukiko. Luís, que está en paro, no puede permitirse el capricho de su hija, y desesperado por hacerla feliz entrará en un círculo de chantajes que acabará involucrando a Bárbara, interpretada por Bárbara Lennie, una joven con problemas mentales que pedirá ayuda a Damián, su antiguo profesor. El pasado de estos dos personajes es el que conforma el verdadero misterio de la película.

¿Pero qué hay más allá de eso? Su director, astutamente, como ya hizo en su anterior película, Diamond Flash, una obra auto-producida y financiada por él con tan sólo 20.000 euros obtenidos de sus ahorros, estrenada solamente vía streaming y en algunos festivales de la península donde tuvo un sorprendente éxito, deja huellas de su pasado como ilustrador e historietista, sobre todo en la peculiar división que hace del relato, e incluso en su puesta en escena encontramos ciertos matices que recuerdan al cómic y a la cultura pop en general.

 

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Luís Bermejo y Lucía Pollán en un fotograma de la película

 

Su carácter, claramente postmodernista, mezcla géneros como el thriller, el drama, la comedia y algunos matices del cine social. Pero lo más interesante del trabajo de Carlos Vermut es la forma en la que transforma lo cotidiano; no se limita a representar escenas más o menos verosímiles, sino que las retuerce para ofrecernos un punto de vista más inquietante e imaginativo. Con la precisión de un cirujano, Vermut consigue hacer una crítica honesta de la sociedad española y del contexto en el que se encuentra, sin dejar de lado lo exótico de unas tradiciones que chocan y se contradicen entre ellas. Como dice Vermut en boca de uno de sus personajes en el metraje: España es un país que no es ni racional ni pasional, sino que está entre estos dos mundos. Entre la pasión y lo racional se mueven también sus protagonistas destinados a la autodestrucción por decisión propia.

En una interesante entrevista realizada por El País, Carlos Vermut afirmaba que él ataca al corazón, sin duda podemos decir que ataca al corazón, el de los espectadores, en especial al de esos que habían perdido la fe en el cine español. Creando una película redonda y perfecta, su aura inquietante puede recordar a Buñuel, al igual que sus matices referenciales al propio cine pueden hacerlo a Zulueta. Pero si hay algo de lo que no hay duda es que con tan sólo dos películas y un par de cortos en su filmografía, Carlos Vermut ya cuenta con una reconocida autoría que interesa seguir en los próximos años.

 

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Fotograma de Magical Girl

 

La contención es algo que también cobra protagonismo en la película, una calma turbadora se apodera de ella, mientras ésta se divide en tres actos: Mundo, Demonio y Carne. En el primer acto observamos la vida de Luís y su hija, mientras que en el segundo se nos presenta el personaje de Bárbara, el punto de unión entre todos los personajes y el más complejo de todos ellos. Todos se mueven por un interés concreto, Luís quiere el vestido para su hija, Bárbara quiere pasar a la habitación del lagarto negro (aunque en ningún momento sabemos lo que hay dentro) para no perder a su marido, y Damián no quiere volver a ver a Bárbara. Todos ellos son piezas de un rompecabezas que no puede completarse sin la pieza más importante, una que Vermut ha dejado vacía a propósito, una que debemos completar nosotros.

Si me preguntaran ahora qué es Magical Girl, seguiría contestando que es un misterio, pero también un ejercicio de estilo en el que los géneros se entremezclan de forma precisa e inteligente, formando un lienzo que retrata nuestra sociedad, nuestros deseos, nuestras frustraciones y nuestra esencia. Carlos Vermut no nos ha abierto la puerta del lagarto negro, pero sí una que desborda ingenio, pasión y originalidad.

 

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Fotograma de la película

 

María Bustos Segarra

María Bustos Segarra

Tres cuartas partes de mi cuerpo son agua, el resto es cine. Estudiante de Comunicación Audiovisual y fotógrafa en mis ratos libres.
María Bustos Segarra

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