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Ty Segall (2017). ¿A quién le importan los títulos?

Es posible que Ty Segall se haya quedado sin ideas para títulos de discos, llevándole a llamar simplemente “Ty Segall” a su último trabajo –la segunda vez que lo hace, contando su disco debut homónimo de 2008–, pero lo que sabemos seguro es que no anda falto de inspiración musical.

Siguiendo la estela de sus otros trabajos, este álbum se erige como toda una explosión de musicalidad que nos lleva desde el garaje rock hasta el psycho-punk, pasando por toda una serie de influencias como T.rex, The Beatles o Black Sabbath.

La encargada de abrir esta experiencia es Break a Guitar, que nos presenta un sonido de guitarra demoledor en permanente contacto con la voz de Ty y con la alternancia con los solos anárquicos marca de la casa. El segundo lugar es para Freedom, con un ritmo en su comienzo que inevitablemente me recuerda a una de las canciones compuestas para la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo. Este camino a la libertad que Ty emprende tiene su directa continuación con Warm Hands (Freedom Returns), una ambiciosa canción de 10 minutos con constantes cambios de ritmo, instrumentos y géneros en la que nos encontramos ante la definición perfecta de libertad musical, sin ataduras de ningún tipo.

Después de este frenesí creativo, se ve con cierta lógica el descanso que Ty nos ofrece con Talkin’, un corte con un ritmo mucho más pausado y con reminiscencias blues. Pero tras la pequeña pausa vuelve de nuevo la acción, pues con The Only One vuelven los sonidos afilados de guitarra y la potencia de los solos de Ty para derivar en Thank You Mr.K, una canción de alto voltaje en la que se unen los ritmos más punks de todo el disco, con un estilo de voz que remite directamente a The Kinks y que llega a su máximo esplendor tras el interludio en el que se desata directamente el caos musical.

 

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El último bloque del disco, formado por Orange Color Queen, Papers y Take Care (To Comb Your Hair) nos lleva a un sonido más clásico y limpio, con una mayor presencia de guitarra acústica y piano, que nos recuerda la capacidad de Ty Segall para sorprendernos con la música en cada nuevo disco.

Para acabar de rematar el disco, Ty nos regala Untitled, una pista de 14 segundos de duración en la que, tras marcar el ritmo con las baquetas, entra la guitarra para dejarnos a medias, con ganas de querer más. Una broma que no hace más que abrir nuestro apetito musical.

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The XX – “I See You”

Cuando, en 2009, el trío londinense lanzó su disco homónimo The XX, nadie, ni ellos mismos, esperaban que se convirtiera en una de las grandes sensaciones de la última década. Su sonido atmosférico e íntimo lo convierte en la banda sonora perfecta para cualquier momento de calma e inspiración. Sus canciones se han convertido en pequeños himnos zen y han sido utilizados para infinidad de anuncios de televisión y promociones.

En la misma línea sigue el segundo trabajo de la banda, Coexist (2012), en el que la división entre indie-pop, R’n’B y rock alternativo es casi imperceptible, llevándonos a la única solución de enmarcar el disco como sonido atmosférico. En este trabajo se empieza a vislumbrar una mayor presencia de sonidos electrónicos que acabarían de definirse en el disco en solitario de uno de los miembros del grupo, Jamie Xx, In Colour (2015) con unos sonidos más propios de la electrónica.

Este tercer trabajo de The XX se puede definir como la unión perfecta entre el sonido más clásico de la banda, con su principal referente en el disco debut y el sonido que ha desarrollado Jamie en solitario. Con las dos primeras canciones del disco, Dangerous y Say Something Love, nos encontramos con una declaración de intenciones en que la línea de bombo y la caja incorpora un ritmo mucho más dinámico y bailable.

On Hold, la canción que adelantó este disco, es la que mejor define su espíritu. Las voces de Romy y Oliver se intercalan en un ritmo progresivo que se rompe con el ritmo del bajo y las voces sampleadas en los interludios electrónicos que se van sucediendo.

Pero, si lo que buscáis es ese sonido intenso de su primer trabajo, quedareis más que satisfechos con canciones como Performance, Brave for You o A Violent Noise, donde prevalecen las formas más clásicas y la voz se impone por encima de todo.

Estamos, sin duda, ante uno de los discos a tener en cuenta de este prometedor inicio de año. Un álbum que debe disfrutarse con calma y tranquilidad.

 

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Childish Gambino – “Awaken, My Love!”. Dame funk y dime tonto

Quizás el nombre de Childish Gambino no es familiar para muchos de los que leéis estas líneas ya que se trata del pseudónimo musical de Donald Glover, conocido por muchos por su papel de Troy en la comedia de la NBC, Community. Pero la vertiente musical de Donald no es cosa de un día, siendo Awaken, My Love!, el disco que nos ocupa, su tercer LP en su corta carrera.

Sus anteriores trabajos, Camp y Because the Internet nos ofrecieron la versión más rapera de Gambino, un estilo que recordaba ampliamente a sus influencias como Kanye West o Wu Tang Clan sin llegar a mostrarnos un producto realmente original. Pese a todo, le valieron para conquistar un par de nominaciones a los premios Grammy.

 

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Con Awaken, My Love!, Childish parece haber encontrado su verdadera vocación musical, ofreciéndonos un sonido que consigue reunir influencias del funk más puro con una pizca de sus anteriores trabajos para ofrecernos uno de los discos más sorprendentes del año.

La mejor muestra de lo que estoy hablando es la canción que abre el disco, Me and Your Mama. El primer minuto y medio actúa como la introducción al disco, una base del más puro rap que se quiebra con una contundente línea de bajo y batería que acompañará la voz más desgarrada del registro de Donald. A partir de aquí se sucede todo un festival de un sonido que bebe directamente del boogie y el funk y cuya mayor referencia se encuentra en Funkadelic, hasta el punto que hasta la portada del álbum podría considerarse como una reinvención del mítico disco de Maggot Brain.

Este estilo funk, representado en temas como Boogieman o Have Some Love, se combina con temas en los que Gambino hace gala de un mayor registro vocal como Baby Boy o Terrified, y, aunque no se puede decir que el chico tenga una gran voz, al menos le pone ganas. Porque otra cosa no, pero el humor no puede faltar en los temas de Gambino, con canciones como The Night Me And Your Mama Met o todo el cachondeo que implica California, donde el auto-tune redondea la sensación de poca seriedad.

Puede que este haya sido el paso más acertado de nuestro querido Troy, Childish, Donald o como quiera llamarse; un disco que nos lleva de viaje por las influencias más setenteras y que personalmente me ha parecido una de las sorpresas más divertidas de este año.

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The Last Shadow Puppets – “The Dream Synopsis” EP

Es muy difícil dejar de jugar cuando se está en racha. Eso mismo han debido pensar The Last Shadow Puppets con la publicación del EP The Dream Synopsis, que pone el colofón final a un año tremendamente productivo.

Tras la publicación en Abril de Everything You’ve Come To Expect, todas las demandas del público quedaron saciadas en un álbum redondo en el que Alex Turner y Miles Kane nos regalaron un sonido barroco y sofisticado, una combinación inclasificable y lejos de cualquier cosa que nos pueda ofrecer actualmente el panorama pop-rock. Aquí la premisa era simple, “hemos venido a pasarlo bien y a buscar nuestro sonido personal, a hacer lo que nos da la gana”. Y vaya si lo consiguieron; sólo hay que ver cómo lo demuestran sobre el escenario y en sus videoclips.

Aún disfrutando de los últimos coletazos de la gira que se marcaron por medio mundo y en mitad de las plegarias para que esta vez el parón no fuera tan largo (ocho años sin saber nada de ellos fue demasiado), anunciaron la publicación de un pequeño regalo de fin de año, un EP de 6 canciones, 4 de ellas versiones y 2 revisiones de canciones de su último trabajo.

 

 

Este pequeño trabajo, grabado en un día y como antaño, con toda la banda interpretando en directo los temas, comienza con Aviation, uno de los singles de Everything that you’ve come to expect reinterpretado, con una mayor presencia instrumental, un ritmo de batería más marcado y la soltura propia de haber sido interpretada hasta la saciedad por el grupo.

Les Cactus inaugura el bloque de versiones del EP, con una cover de Jacques Dutronc en la que se mantiene el ritmo y la intensidad de la original para sorprendernos con la voz de Alex Turner en francés. Turno de voz para Miles Kane en Totally Wired, una versión de la banda de post-punk The Fall, en la canción más frenética del disco en la que la combinación bajo-batería se une con las punzadas de la sección de cuerda.

Sin salir de las influencias del post-punk nos encontramos con la versión del This is your life de Glexo Babies en la que más evidencian los trabajos anteriores de Kane con The Rascals, ritmo freakbeat de batería, solos de guitarra con distorsión y la siempre presente orquestación marca de la casa.

 

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La última de estas versiones es la más emotiva. Se trata de Is this what you wanted de Leonard Cohen, fallecido solo unos días después de que se publicara esta canción como adelanto del EP. Un tema en el que Alex demuestra por qué es uno de los mejores vocalistas en activo; toda una verdadera joyita.

Para finalizar llega la revisión de la canción que da nombre al disco, The Dream Synopsis. Una versión con un ritmo más comedido y en la que, al igual que Aviation, tienen mayor peso la sección de cuerda y la inclusión de los sonidos de saxo.

Hay que valorar The Dream Synopsis como lo que es, un pequeño regalo para aquellos que disfrutamos con el último disco de The Last Shadow Puppets y algo más a lo que amarrarnos para superar la que se presupone como larga espera hasta ver material nuevo.

 

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Metallica – “Hardwired… to Self-Destruct”

He de reconocerlo; cuando supe que Metallica estaba grabando un nuevo disco me produjo una total indiferencia. Toda confianza que tenía en escuchar algo potente de Metallica se desvaneció al recordar los bandazos de los de San Francisco con St.Anger, Death Magnetic y el esperpéntico experimento con Lou Reed, Lulú. Reconozco que debutar con una obra maestra como fue Kill Em’All puso el listón muy alto en su carrera, pero desde el Black Album (1991) su carrera ha ido cuesta abajo y sin frenos.

Pese a todo acabé sucumbiendo y escuchando los avances del disco, porque una cosa hay que reconocer: no hay ningún grupo de rock duro que mueva mejor la maquinaria mediática ni mueva tanto público y dinero como lo hace Metallica.

Hardwired, la canción que abre el disco, es un golpe en toda la cara; una muestra de potencia y frenesí en la que The Four Horsemen recuperan su lado mas thrash. No baja el ritmo con Atlas, Rise! donde los solos de guitarra vuelven a tener su merecido protagonismo junto al buen trabajo de Lars Ulrich en la batería. Pero es a partir de aquí donde esta frescura se desvanece y el disco pasa a un ritmo más pausado.

Es cierto que Now That We’re Dead, Moth into the Flame o Confusion no son malas canciones, pero su excesiva duración y la repetición de patrones consiguen esa sensación de “más de lo mismo”. En ManUNKind la tendencia se contrae y nos deja una canción en la que destaca el buen hacer de Hammett con los riffs de guitarra para continuar con Here Comes Revenge en la que Hetfield combina momentos más melódicos con ritmos machacantes de guitarra al más puro estilo del Black Album.

Por lo general el resto del álbum funciona de la misma manera, con pequeñas pinceladas de genialidad como las reminiscencias de Megadeth en Am I Savage? o el bonito homenaje al fallecido Lemmy Kilmister en Murder One, eclipsados por una excesiva duración de las pistas y un ritmo demasiado machacante en numerosas ocasiones.

Pese a todo, estamos ante el que posiblemente sea el mejor trabajo de las últimas dos décadas de Metallica; un ejercicio de estilo en el que se podrán criticar muchas cosas, pero no las buenas intenciones de estos dinosaurios del rock.

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Justice – “Woman”. El peso de la cruz

Mucho hemos tenido que esperar para poder escuchar Woman, lo último del segundo dúo francés de música electrónica con más éxito, Justice (solo superados por los señores con cascos de luces de colores de cuyo nombre no quiero acordarme).

Cinco años desde su anterior, Audio, Video, Disco y nueve desde † (Cross), el álbum debut que marcaría –y marcará– su carrera para siempre. Este primer ejercicio se ha convertido ya en uno de los mejores discos de la historia y cualquier trabajo posterior va a tener que hacer frente a las odiosas comparaciones.

Pero, salvando toda la presión puesta sobre ellos, Woman es un ejercicio de precisión en que Xavier y Gaspard vuelven a hacer lo que mejor saben, predicar su Electro-Rock.

Safe and Sound es la canción perfecta para abrir el disco con un ritmo progresivo y las voces corales que dan entrada a una de las líneas de bajo potentes marca de la casa y un ritmo setentero que cuadra perfectamente con Pleasure, que nos mantiene en un tono melódico y unas revoluciones bajas.

Alakazam! es el perfecto catalizador para una buena fiesta, la canción más enérgica de todo el disco y toda una invitación a la pista de baile, con un sonido que recordará a la gloriosa Genesis y que nos pone a tono para el mejor tramo de todo el álbum, que continua con Fire, un éxtasis de sonidos en los que sintetizador, guitarra y voz se combinan en un ritmo ochentero que, como sucede con una buena noche, no quieres que termine nunca. Este tramo del disco se cierra con Stop, con una letra en la que el dúo francés adopta un tono intimista hablando de sus luces y sombras, ‘So many times we rise and fall’, y en la que recuperan los coros infantiles como en su mayor éxito, D.A.N.C.E.

Music and lines
Rhythm and melodies
(Take us to the top)
So many nights
So many memories

El siguiente bloque viene precedido por el interludio de Chorus, un tema de corte más experimental y toda una catarsis de sonidos que nos conduce hasta Randy, el single del álbum y la canción que mejor representa todo el tono del disco. Un ritmo disco, melodía pegadiza, falsetto y una fantástica instrumentalización. Mención especial al videoclip oficial en el que Thomas Jumin realizó una instalación con 25 monitores trabajando al ritmo de la canción.

 

 

Ya por último nos encontramos con el último bloque, en el que el Heavy Metal pone la nota más electrónica con una canción sin intervención vocal, Love S.O.S, que lleva al límite las voces corales en el tema más tierno del disco, y Close Call cierra de manera perfecta el álbum con su particular homenaje a Pink Floyd y su Brain Damage.

En definitiva, estamos ante un disco que pese a sus luces y sombras es totalmente disfrutable. Si bien no es tan enérgico y rompedor como lo fue Cross, eso no nos impide gozar de la experiencia que nos brindan los buenos de Justice. Lo único que pido es que no tarden tanto como han tardado esta vez en sacar lo siguiente.

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“Trick”. No hay trucos que valgan, Jamie T ha vuelto

Con su segundo disco en dos años —el cuarto en su discografía—, Jamie T se ha marcado el mejor truco de su joven carrera. Combinando lo mejor de cada uno de sus anteriores discos, este nuevo trabajo provoca la sensación de estar ante algo que ya hemos escuchado antes, pero a su vez es algo novedoso y fascinante.

Y es que Jamie parece coger una pizquita de aquí y allá de un gran saco de referencias para crear una mezcla que resulta complicada de encasillar dentro de las convenciones cuadriculadas de los géneros musicales.

El álbum comienza con dos disparos de pura potencia como son Tinfoil Boy y Drone Strike en los que T da rienda suelta a su lado más ligado a la cultura slang y que se complementan perfectamente con Police Tapes y Solomon Eagle, donde el rap pasa a ser el género predominante y el de Wimbledon desempolva los samples que dejó de lado en su anterior disco.

 

 

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Es Tescoland una de las canciones más animadas del disco, con la adaptación del sonido de los mejores tiempos de The Libertines al registro de Jamie. De la misma manera, es imposible escuchar Dragon Bones, Joan of Arc o Robin Hood sin evitar detectar una pequeña reminiscencia a Kasabian, Oasis o The Clash, respectivamente. Referencias de lo más variadas pero siempre pasadas por el –por qué no decirlo– filtro kinki de Jamie T. Pero también hay hueco para canciones de corte más intimista como Sign of the times o la solemne Self Esteem que pone el colofón final al disco.

Estamos, sin duda, ante uno de los mejores discos de este 2016 que ya agoniza. Un verdadero aporte de frescura en la carrera de un artista que alcanzó su mayor éxito a raíz su anterior álbum, Carry on the Grudge; álbum—en opinión de un servidor— bastante manso. Afortunadamente, Jamie no ha sacrificado su estilo por el éxito, lo que hace este Trick aún más meritorio si cabe.

La Canción: Dragon Bones, son los Kasabian más bailables bajo la droga dura de Jamie, directo al recto.

Grupo de música The Last Shadow Puppets

The Last Shadow Puppets, volviendo al hábito

Una de las mejores noticias que tuvimos en la recta final de 2015 fue la confirmación oficial de la vuelta de The Last Shadow Puppets, el grupo creado por Alex Turner, cantante de los Arctic Monkeys, y Miles Kane, cantante y guitarrista en grupos como The Rascals o The Little Flames, aunque su éxito se debe sobre todo a su carrera en solitario.

Esta confirmación era algo que se esperaba como agua de mayo entre todos aquellos que quedamos cautivados por este proyecto en su primer y hasta ahora único disco en aquel lejano 2008, The Age of The Understatement.

Este disco, nacido de la compenetración de ambos cuando compartieron gira, es una obra cargada de letras intimistas en las que las voces de ambos cantantes se intercalan de manera coral creando una atmósfera muy personal en la que cobra especial importancia el trabajo de orquestación de Owen Pallett, quien contó con la London Metropolitan Orchestra en la grabación. En todas las canciones del disco podemos escuchar la incorporación de los sonidos afilados de cuerda que nos llevan a un viaje acústico que nos recordará irremediablemente a los arreglos orquestales grandilocuentes de las bandas sonoras de la saga Bond, combinado con las influencias reconocidas de Scott Walker o las primeras etapas de David Bowie (al que le dedicaron una versión de In Heat of the morning en una B-Side).

Desde el primer corte del disco (la canción homónima que da nombre al álbum) nos encontramos con una gran presencia orquestal, con una sección de cuerda chirriante que da paso a la percusión salvaje de ritmo galopante al puro estilo western de Ennio Morricone en la que se van incorporando las melodías rápidas de cuerda para dejar paso a la voz desgarradora de ambos cantantes, que entran al unísono, a chorro, en cada uno de los versos de la canción, en los que parecen dejarse el alma.

En las (sólo) 10 canciones que componen el LP hay espacio para la incorporación de distintas influencias y estilos, desde la psicodelia de Only the Truth al ritmo rápido y descarado del beatpop en I don’t like you anymore, pasando por la ternura en The Meeting Place o Time has come again.

Todo un ejercicio de estilo y clase que provoca la sensación de haber viajado atrás en el tiempo; un disco que, pese a contar con versión acústica, se disfruta mucho más en directo si es con una banda sinfónica detrás.

 

 

En cierto modo, The Last Shadow Puppets se mueve en la misma idea de lo que comentamos en Mini Mansions. Cuando se juntan músicos con talento en un mismo proyecto y se liberan de esa presión del éxito se da rienda suelta a la creatividad total y a la experimentación con estilos y sonidos distintos a los que nos tienen acostumbrados. Si en este caso sumas que en el proyecto se encuentra presente la figura más emblemática del indie rock británico como es Alex Turner y el polivalente Miles Kane, que ha revitalizado el britpop incorporando sonidos provenientes del beatpop y el glam rock, sólo podemos esperar algo de una grandísima calidad.

Volviendo al presente, de momento ya tenemos el primer adelanto de su segundo disco, cuyo lanzamiento está previsto para esta misma primavera.

Por lo que hemos podido ver en los vídeos e imágenes promocionales que han ido lanzando, el grupo ha sufrido una evolución en la que han sacado su lado más macarra, pasando de una imagen de jovencitos tiernos a seductores “buscaproblemas” de barrio.

 

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The Last Shadow Puppets

 

Esto también se traduce en un cambio en su estilo musical, aunque con sólo un adelanto es todavía pronto para saber si se trata de un giro completo o un coqueteo con otros estilos.

Bad Habits, este primer single, comienza con una línea de bajo potente y resultona en la que se comienzan a escuchar gritos y sonidos de violín punzantes y estridentes al puro estilo de película de terror, que irán apareciendo durante los 3 minutos de canción combinando con sonidos de viento y piano. Es Kane quien toma aquí las riendas como vocalista en un registro mucho más agresivo al que nos tenía acostumbrados en el primer disco y en el que incorpora numerosos gritos que nos sumergen en una atmósfera psicodélica para introducir una letra marcada por las referencias sexuales.

She wanna hold hands
Should we go back down?
She wanna slow dance

Todo apunta a que este segundo LP de la banda se moverá en un registro mucho más oscuro, experimentando mucho más con la psicodelia y dejando atrás la ternura y la etiqueta de chicos buenos para ofrecernos una obra mucho más madura, siguiendo la línea del último disco de los Arctic Monkeys.  Está claro que esto originará seguidores y detractores, pero lo que está claro es que estaremos ante un disco único.

 

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The Last Shadow Puppets

 

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The Strypes: los niños prodigio del Rock ’n’ Roll

You can’t judge a book by the cover (No puedes juzgar a un libro por la cubierta) es posiblemente la canción que más define a The Strypes. No solo porque fue una de las primeras versiones que le llevaron a la fama, sino porque al escuchar su música es difícil imaginarse que está interpretada por unos jóvenes que apenas superan la mayoría de edad.

La carrera de estos chicos de Cavan, Irlanda, no podría haber sido más precoz. Tras tocar en el concierto de navidad de su colegio y en los alrededores de su ciudad natal, autoprodujeron un EP de cuatro canciones en los que versionaban grandes éxitos de blues. Esto es lo que captó la atención de los grandes sellos musicales, que se rifaron a unos jóvenes con tanto talento. Esto es lo que le llevó a sacar su primer disco, Snapshot, con tan solo 16 primaveras. Si en anteriores artículos hablamos sobre la importancia de los padrinos musicales, en este caso no iba a ser menos; el propietario de Rocket Music, quienes les ofreció su primer contrato, es el mismísimo Elton John, y entre los artistas que se han rendido a sus encantos se encuentran Jeff Beck, Roger Daltrey y Miles Kanes, entre otros.

Su música parece sacada directamente del Rhythm and Blues y del Rock ‘n’ Roll de las décadas de los 20 a los 60, con la influencia de artistas como Chuck Berry, Bo Diddley o The Yardbirds, que componían la colección de discos de sus propios padres, con los que crecieron y formaron su oído musical.

Estamos hablando de un sonido que evoca otra década pero que es totalmente actual, aportando al género la frescura de unos chavales que quieren comerse el mundo a base de potentes riffs de guitarra, contundentes líneas de bajo y armónicas afiladas, todo ello complementado por la desgarradora voz de Ross Farrely.

 

 

Su juventud también se traduce en una hiperactividad musical, ya que con tan solo tres años en los escenarios ya han producido un disco de estudio y tres EP’s, a la espera de su segundo álbum, Little Victories que se lanzará el próximo 23 de Julio. En los adelantos del mismo que se han ido publicando podemos apreciar una evolución en el sonido del grupo, incorporando ritmos de batería que recuerdan la gran influencia británica de la última década, los siempre presentes Arctic Monkeys o la potencia de los ya extintos Jet.

En el álbum que supuso su estreno, Snapshot, los irlandeses nos ofrecieron doce frenéticos cortes de una impecable factura, más propios de una banda que lleva toda la vida sobre los escenarios que de unos debutantes en el mundo del rock. Canciones como Blue Collar Jane o What a Shame representan la potencia de sus guitarras y el ritmo blues rock de alto voltaje que practican.
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Esta carta de presentación fue lo que les llevó a una temprana gira por todo el mundo, siendo incluso cabeza de cartel en algunos de los festivales más importantes de la escena musical, alcanzando gran popularidad en la gira en la que fueron los teloneros de los ya mencionados Arctic Monkeys.

En definitiva, The Strypes supone una bocanada de aire fresco en un panorama musical cada vez más saturado de grupos adolescentes, de los que la banda se desmarca de estas etiquetas para reivindicar su estilo, “La basura pop que se está haciendo ahora me pone furioso” comentaba Ewan Walsh, batería de la banda.

Con su apariencia de chicos buenos de la vieja escuela, siempre ataviados con americana, gafas de sol y camisas, y con las declaraciones en las que afirman que prefieren la tranquilidad a la vida de excesos asociada a las estrellas del rock, los de Cavan se reivindican como uno de los últimos reductos de una especie en extinción de músicos.

 

 

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‘Drones’ de Muse: la música como narración

Creo que no sorprenderé a nadie si afirmo que toda canción tiene la finalidad de transmitir una idea, una historia. Para esto se puede utilizar tanto la letra, interpretada por un cantante, como la propia musicalidad, escogiendo un tono y un tempo determinado (pensemos en el Requiem de Mozart, por poner un ejemplo).

Esta narración musical puede adoptar formas tan complejas como el artista desee, transmitiendo historias en cada una de sus canciones o uniendo toda la historia de un álbum bajo un mismo denominador común, un concepto. De esta manera se crea lo que se ha denominado como Ópera Rock, una forma de expresión musical que unifica en una serie de canciones (normalmente un álbum) una narración de una historia con una misma temática. Este término está estrechamente ligado a otro como son los discos conceptuales, forma que engloba a aquellos sencillos con una conexión entre sus canciones ya sea por la utilización de un instrumento, por el de un tono de humor o por la narración de una historia, no siendo necesariamente todo disco conceptual una ópera rock, pero sí al contrario.

Es dentro de este movimiento donde ubicamos Drones, el séptimo álbum de estudio de la banda inglesa Muse y que se estrena hoy en el mercado.

 

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Toda la discografía de este trío de Teignmouth está marcada por la influencia de temáticas de la conspiración, el ocultismo, las relaciones humanas y la rebelión frente a la dominación de las altas esferas sociales, impregnando en cada uno de sus discos conceptos unidos a esto.

Pero es en este disco donde la historia cobra un especial interés, proponiendo un relato distópico que reflexiona sobre el uso de la tecnología militar y la capacidad de autodestrucción del ser humano. En palabras de Matt Bellamy, vocalista de la banda, se trata de un álbum que ahonda en el concepto del viaje de un ser humano, de su abandono y pérdida de la esperanza, de su adoctrinamiento por el sistema para ser un ‘dron humano’ y finalmente de la liberación de sus opresores para reivindicarse como un ser humano libre.

Siguiendo el orden de las canciones, podemos resumir el argumento de esta historia. Dead Inside, la canción que abre el disco, nos sitúa al protagonista como una persona que ha perdido la esperanza y se siente perdido debido a la pérdida del amor. Es una persona muerta por dentro, carente de cualquier sentimiento positivo y que, a causa de esto, acaba entrando dentro del ejército.

Drill Sergeant, un interludio sin música y Psycho hablan del proceso por el cual el ejercito elimina todo rastro de amor que queda en su interior y le lava el cerebro para convertirlo en una máquina de matar. Los diálogos introducidos en la canción, que recuerdan directamente a la magnífica La chaqueta metalica de Stanley Kubrick, tienen un carácter militarista y opresor por el que el protagonista llega a afirmar que su alma y su culo pertenecen al sargento y, por ende, a la causa.

En Mercy, el protagonista reconoce que se ha fallado a sí mismo e intenta liberarse de las ‘sombras y fantasmas que se han comido su alma’, en un tema que se dibuja como un grito de dolor y misericordia, pero esto desaparece cuando es llamado para combatir en la guerra. Reapers, el tema más potente de todo el disco, es el relato de la devastación de la guerra en la que él solo es otro peón prescindible que mata a distancia (como un Dron) para otros.

 

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The Handler narra cómo el protagonista reconoce que ya no quiere estar dominado por el titiritero que maneja su mente y que le ha convertido en una máquina fría y sin sentimientos. Finalmente consigue liberarse y se convierte en un desertor, Defector, que previo discurso de John F. Kennedy en el interludio, JFK muestra todo su odio frente a quien pretende dominar el mundo y le amenaza.

Crees que tu trono es demasiado alto para que sea derrocado, pero vamos a verlo caer, por un desertor.

Revolt es el relato de cómo asume su libertad e insta a romper con la tiranía al resto de la población para ser fuerte y acabar con su dolor. El tono optimista de la canción se une a la balada Aftermath en la que el protagonista encuentra el amor y el lugar al que pertenece en el mundo, reconociendo que nunca más volverá a estar solo.

The Globalist constituye por sí mismo un relato paralelo del ascenso y caída del dictador que destruye toda la humanidad, lamentándose después y justificándose en que solo necesitaba amor en su vida.

Drones es la canción que cierra el álbum, una especie de misa en la que el protagonista y el dictador se lamentan de la pérdida de todas las vidas humanas y dejan la última reflexión del disco.

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Our lives between your fingers
Can you feel anything?
Are you dead inside?
Now you can kill
From the safety of your home with drones

Este es, sin duda, un ejemplo de cómo se pueden transmitir historias propias de otros formatos como el cine y la literatura a través la música y sus letras. Una vía narrativa que ha encontrado a lo largo de las décadas distintas obras significativas como Tommy de The Who o la archiconocida The Wall de Pink Floyd, y que caracteriza a los artistas que tienen algo más que decir con su música y no se limitan a vender discos.