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Mini Mansions: Trinomio psicodélico

Cuando se junta un músico tan activo y singular como Michael Shuman, bajista de Queens of The Stone Age, con otros dos intérpretes como Zach Dawes y Tyler Parkford, da como resultado una banda tan única y fascinante como Mini Mansions.

El proyecto surgió en el descanso que Queens Of The Stone Age decidió tomarse en 2009 tras la gira en la que presentaron al mundo Era Vulgaris. Fue en ese momento cuando estos tres amigos, que tenían contacto desde la infancia, se convirtieron oficialmente en grupo y empezaron a seleccionar de entre las canciones que ya habían compuesto las que finalmente pasarían a componer el tracklist de su EP debut, lanzado ese mismo año.

En esas primeras ocho canciones publicadas, la banda mostraba su lado más melódico con una predominancia del piano y de las guitarras en las composiciones en un híbrido entre los Beatles y Elliot Smith, incluyendo una pizca de surrealismo en sus letras.

“Got a spider underneath my bed, I got a paper centipede eating up my head,
All the girls at my school are ventriloquists, tricky dicky hippopotamus,
Monkey vampires, mini shampoos, paranormal peaches hanging over you,
Put your face on the dash and let’s go for a ride, don’t even tell your mother”.

Parte de las canciones que componían este extended play formarían parte de su álbum homónimo publicado un año más tarde y que seguía en la misma línea. Un sonido que recuerda escandalosamente al cuarteto más celebre que ha dado Liverpool, con una variante más psicodélica que en las canciones anteriormente publicadas, en parte por la introducción del sintetizador y el órgano sustituyendo (y acompañando) al piano y dotado de un sonido mucho menos convencional. Todo esto respaldado con la superposición de las voces a coro de Shuman y Packford.

La muestra más significativa de este estilo la encontramos en la versión de la archiconocida Heart of Glass de Blondie, que se encontraba en la cara B de su primer single, Monk. El ritmo lento y apesadumbrado, acompañado de los acordes de órgano y las sutiles incorporaciones de batería y bajo, nos introduce en la atmósfera de lo que, personalmente, me gusta imaginar como un mal viaje de ácido de una estrella del pop.

 

 

Cinco años más tarde llegaría su segundo disco de estudio, The Great Pretenders, con el que han conseguido, y damos gracias por ello, la visibilidad necesaria para darse a conocer en el panorama musical. Parte de esto se lo tienen que agradecer a la publicación de su single Vertigo con Alex Turner, vocalista de los Arctic Monkeys.

El álbum, compuesto por 11 cortes, se deja llevar totalmente por el eclecticismo de sus influencias, y es fácil ser arrastrado por los sonidos de su profundo psico-pop.

Las cuatro primeras canciones del álbum, que entran en el imaginativo del receptor como una dosis de pura imaginativa y simbolismo con un ritmo de batería rápido y dinámico y unas melodías de las que quedan grabadas en el cerebro durante todo el día, invocan un torrente de sonidos que parecen ser la fusión perfecta entre David Bowie, Tame Impala, Nick Cave, T-Rex, Electric Light Orchestra o Soft Cell, cada uno en su justa medida.

Todo esto deja paso al apartado de colaboraciones, primero con Brian Wilson (cantante de The Beach Boys) en Any Emotions y después con el ya mencionado Alex Turner, que entra con su estrofa como un tiro en Vertigo demostrando que es una de las mejores voces en activo del indie rock.

En las cinco canciones posteriores, que cierran el disco, hay espacio para todo. Los apabullantes sonidos de distorsión en Mirror Mountain, la balada en la que el piano vuelve a cobrar protagonismo en Heart Of Stone o la íntima despedida en The End, Again, que pone el colofón final a un gran álbum.

La fuerza de la banda reside en la unión de las distintas capacidades de sus miembros en un proyecto único sin roles definidos, en los que dependiendo de la canción podemos encontrarnos a Michael Shuman a la batería o al bajo o a Tyler Parkford como vocalista principal o a los coros. Lo mismo ocurre con su estilo, que no se acoge a un género ni a unos estándares; son simplemente músicos tocando lo que les apetece o lo que les pasa por la cabeza, dejando a sus mentes creativas explorar los límites de la musicalidad y pasándoselo bien. Prueba de ello son también sus videoclips, en los que derrochan creatividad y a los que Parkford se ha sumado a la dirección en alguno de ellos.

Con todo esto, podemos establecer a Mini Mansions como uno de los nuevos referentes dentro de la nueva corriente de pop-rock que, junto con otras bandas como Tame Impala, apuesta por la psicodelia para crear sonidos que nos transportan a nuevas dimensiones.

 

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Mini Mansions

Iván Moreno

Iván Moreno

Devoro acordes y vivo en el surco de un vinilo. Estudiante de Comunicación Audiovisual y apasionado del vídeo y la fotografía.
Iván Moreno

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