Portada Kowloon

La ensoñación de Kowloon, el nuevo proyecto de LRM Performance

Estoy en la más completa oscuridad. A mi espalda, tan solo el pulso de un reloj que se sincroniza con el latir que siento en mi sien. Sin previo aviso, quedo cegado por la luz. Atravesado. Con la cadencia que impone el rugir de ruidos e instrumentos milenarios, una bestia formada por jirones de plástico avanza frontalmente con paso seguro. A sus pies, como el arcano del diablo, dos figuras se arrastran bajo el peso de las correas. Mientras rayos de luz verde y dorada penetran el espacio a mi alrededor, me debato entre la consciencia y el abandono de los sentidos. Finalmente, me dejo arrastrar. Estoy en Kowloon.

Berta Delgado, David Aladro-Vico y Zhihan Chen, también conocidos como LRM Performance (Locus), son de carne y hueso. Sin embargo, cuando su nuevo proyecto Kowloon cobra vida, ellos se deshacen en luz y sonido, acciones y emociones. Pero, a pesar de lo que esta asociación con lo inmaterial pueda sugerir, la experiencia de Kowloon posee una tensión entre lo visceral y lo puramente mental. David Aladro-Vico nos comentaba que con este tipo de arte pretendían romper con la omnipresente y ubicua mediación de las pantallas en la vida y en la estética. Ciertamente, en Kowloon hay profundidad. Los efectos lumínicos y la banda sonora te rodean y provocan una reacción fisiológica. No existe interacción con el público y la visión es única y frontal, pero el espectador se transporta ahí de manera orgánica. Es una experiencia física y sensorial.

 

LRM, Kowloon, 2016

 

Durante el desarrollo de la pieza, no podía sino pensar en el mundo de los sueños. En LRM consideran que la narración es un escollo para la recepción estética y emocional. Uno no puede construir un relato de lo que está viendo, tan solo puede abandonarse al placer del instante y lo sublime de la imaginería. Como el durmiente que despierta e intenta vanamente atrapar en su memoria el sueño que acaba de desfilar por su subconsciencia, la experiencia de Kowloon se resiste a ser contada. Como los sueños, solo puede ser experimentado. Es esta relación con lo onírico lo que nos ayuda a explicar la potente sensación de distancia y, a la vez, participación en el baile de luminiscencias. Gaston Bachelard, en La poética de la ensoñación, intenta plasmar el maravilloso potencial poético de ese momento entre el sueño y la consciencia en el que ninguno de los dos planos aún tiene completo poder sobre el otro. El momento en el que, para Bachelard, la creación poética era posible. Kowloon ejerce un hechizo de ensoñación.

 

En Kowloon se da cita un crisol de influencias provenientes de distintos medios, con preeminencia de referencias asiáticas, de la que sus creadores hablan sin miedo. En una época en la que, virtualmente, el acceso a toda la cultura está al alcance de un clic, resulta absurdo considerarse demiurgos geniales. Mucho más valor posee el trabajo de recepción, procesamiento y creación de una nueva pieza a través del bagaje personal. Como siempre se ha dicho de Picasso, no importaba la cantidad de imágenes que absorbiera, sino cómo las digería. Pero no nos engañemos, Kowloon no es un collage de citas. La iconografía, que se desarrolla en escenas en las que se combinan luces, proyecciones, sonidos y acciones a la manera de planos cinematográficos, asombra y maravilla constantemente a los ojos y a la mente.

 

LRM, Kowloon, 2016

 

Recuperando una vez más a Bachelard, este pensaba que el momento de la ensoñación no podría ser algo meramente pasivo, sino que “se nos pide que activemos la participación en la imaginación creadora”. Es ahí donde reside la magia de la obra; cada uno la recibe y la reconstruye constantemente según sus propias vivencias y recuerdos. Donde unos ven la calidez de un desierto postapocalíptico, otros ven un cementerio de huesos o una lucha entre el bien y el mal. El espectador habita en Kowloon. El acto creativo no solo deriva de sus creadores, sino que continúa en aquellos que experimentan la obra. Por ello, Kowloon, que no tiene narrativa, no puede ser narrado. Debe ser vivido.

 

Diego Fraile

Diego Fraile

Todos por el Arte y el Arte para todos. Vivo estudiando, comunicando e intentando comprender nuestra loca cultura contemporánea, dentro y fuera de los museos.
Diego Fraile

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