Tallas en madera

Escultura con otra piel –tradición y contemporaneidad–

Me encanta jugar con el volumen, con la luz y con la sensación tridimensional de las obras bidimensionales. Y aunque en esencia soy dibujante siempre me he sentido atraído por la escultura, por la figura humana y por el poder narrativo del lenguaje corporal.

 

Encontré en mi formación autodidacta el placer de conocer, probar y experimentar.

 

Jugando a ser escultor, más por el placer de aprender las técnicas que por una intención de dedicarme por completo a ello, pasé por el modelado con plastilina y con arcilla; hice un poco –muy poco– de talla en madera; estudié cómo hacer moldes en yeso, vaciado y fundido en bronce; hice algo de escultura en ferro concreto y otras cosas más. Porque sí; me dieron una variedad de herramientas y recursos que utilizo permanentemente en mis procesos de visualización, dibujo y modelado en el papel.

Esta formación me hizo un convencido del valor de las técnicas y los oficios tradicionales, pero hoy tristemente veo cómo los programas universitarios de formación en arte y diseño desplazan cada vez más las asignaturas técnicas en pro de las teorías y el concepto.

 

El oficio y el concepto deberían ser inseparables

No digo que el concepto, la idea y el contexto no deban tener importancia. Por el contrario, es gracias a esa parte de la formación que los estudiantes encuentran los recursos y las fuentes para fundamentar y cargar de contenido de valor sus obras. Lo que sí creo es que con un criterio equivocado muchos académicos desestiman el valor del trabajo manual, del trabajo en el taller y del saber hacer.

En mi vida como docente he podido ver trabajos con una excelente factura pero que a final de cuentas no dicen ni transmiten nada, y también he visto cómo muchas buenas ideas e historias maravillosas se diluyeron por la incapacidad de abordar y llevar a buen término sus proyectos.

Hay muchos estudiantes que están desarrollando la habilidad de concebir ideas muy complejas, con mensajes profundos y pertinentes, pero, aunque algunos de ellos encuentran los medios para hacerlo, hay otros muchos que se estrellan con la inexperiencia del cómo hacer. No hay que dejar de decir sí a los salones con computadores y tableros –profesores y estudiantes–, pero también hay que decir sí a los talleres con herramientasmaterialesmaestros y aprendices–. Es importante encontrar un equilibrio entre los dos mundos y lograr el balance entre el oficio y el concepto.

 

Escultura con otra piel –tradición y contemporaneidad–

Es por esto que hoy, con esta idea como pretexto, quiero compartir con ustedes un grupo de exponentes contemporáneos que rescatan lo mejor de la talla en madera, el oficio tradicional del arte religioso de la edad media, con lenguajes y estilos actuales y contundentes. Mi objetivo con este artículo es abrir la ventana e invitarte a conocerlos y, ojalá, encender tu curiosidad para investigar un poco más.

Los escogí porque encuentro en su trabajo mucho de lo que me gusta, me emociona y me sorprende. La figura humana sin efectos innecesarios. Simple, cruda, silenciosa y profunda.

 

Aron Demetz –la alquimia

Tiene una formación de taller en las técnicas tradicionales de la talla en madera y, aunque ha hecho esculturas con otros materiales diferentes, es en la madera donde se concentra la mayoría de su producción y con la que, para mi gusto, obtiene los mejores resultados.

En la obra de Aron Demetz se hace evidente la necesidad de algo más. Su placer por la experimentación y la búsqueda de lenguajes que trasciendan lo meramente figurativo lo han llevado a trabajar con resinas naturales que él mismo recolecta de los árboles, o también a involucrar procesos controlados por computador para “lastimar” la piel de sus esculturas. En el vídeo “El viaje de Aron”, producido por Studio Liz, el artista cuenta parte de lo que significa esa búsqueda.

 

Gehard Demetz –la melancolía

Gehard es primo y tiene la misma edad de Aron Demetz, con el que comparte una larga tradición familiar en la talla en madera. Aunque debutó en 2005, su técnica menos convencional lo posicionó muy rápidamente en el panorama de la escultura contemporánea. La niñez, los juegos en solitario, la tristeza, la melancolía e incluso la sumisión son constantes en su obra.

Soportado en los pensamientos de Rudolf Steiner* , sus piezas tienen una fuerza narrativa increíble y con un trasfondo que, aunque en principio puede ser perturbador, tiende a crear conciencia en el rol, o interferencia, que pueden tener los adultos durante nuestra infancia.

 

Peter Demetz –lo sugerente

Nació en la misma ciudad que Gehard, en Bolzano, Italia, pero no he podido encontrar ningún dato que me indique el parentesco exacto con los otros dos Demetz –eso queda pendiente–. El entorno es un elemento fundamental en las esculturas de Peter Demetz; esculturas en las que momentos sin aparente trascendencia, como estar de pie con los brazos cruzados, se convierten en imágenes amables e intrigantes al mismo tiempo.

Maneja a su gusto la tercera dimensión de los espacios y de los personajes mismos moviéndose entre lo plenamente escultórico y el bajo relieve. La composición está dirigida a crear un dialogo y una tensión con el observador. Nos invita a seguir la mirada y la dirección en que caminan sus personajes para encontrar lo que se esconde detrás de los muros en sus espacios sugeridos.

 

Tres artistas con el mismo apellido y que comparten época, formación y oficio. Técnicas tradicionales, experimentación, nuevas tecnologías y lenguajes contemporáneos. Todo en perfecto balance.

Arte de todo mi gusto y espero que el de muchos ustedes también.

Hasta pronto.

Miguel Robledo Ruiz

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